13 de mayo de 2004
“El consumidor busca confort, placer, seguridad, productos adaptados a sus exigencias y éticos”
Los propietarios del balneario de vinoterapia ‘Les Sources de Caudalie’ reivindicaron “el arte de la viña”
Tratamientos de salud y de belleza, productos cosméticos naturales, charlas a pie de viña con el viticultor... La producción vitícola, aún siendo el primer objetivo, no es el único factor que valoran los consumidores. Ese planteamiento fue el germen de ‘Les Sources de Caudalie’, un centro turístico y balneario con tratamientos de vinoterapia, cuya filosofía aportó una visión diferente sobre las posibilidades del sector en el IV Foro Mundial del Vino.
Sus propietarios, Daniel y Florence Cathiard, dueños también de la bodega Château Smith-Haut-Lafitte, animaron a trascender el mero aspecto productivo para “disfrutar el arte de la viña”. Para ello, pusieron como ejemplo su negocio, que combina la producción vinícola (supone el 20% de su facturación), la restauración (otro 20%) y la cosmética (el 60% restante).
Entre sus aportaciones más peculiares, destacaron la comercialización de tratamientos cosméticos elaborados a partir de elementos desechados en la producción vitícola: las pepitas, de las que extraen polifenoles, o el raspón, a partir del cual se elabora un aceite vegetal antienvejecimiento. También los tratamientos de vinoterapia que se aplican en sus instalaciones.
Otros aspectos más al alcance de cualquier zona vitícola que los Cathiard han puesto en valor son los paseos por las viñas que permiten adquirir cultura del vino a pie de viña o las visitas a los ‘chateaux’: “antes apenas eran posibles y ahora 5 de cada 10 ya se abren a los visitantes en épocas claves”.
En su apuesta por mezclar el consumo con otros valores, Florence Cathiard se refirió a cinco principios. En primer término, ‘hogar, dulce hogar’ o “ir a la otra parte del mundo pero sentirme como en casa y, entre otras cosas, una copa de vino es todo un rito de calor de hogar”. En segundo lugar, ‘menús-placer’ o “darse uno el gusto que se merece y un vino es el mejor antídoto contra el estrés”.
También destacó ‘el placer de conocer’ la composición del producto, cómo se cría sobre el terreno. En cuarto término, habló de ‘productos ergonómicos’ o “aquellos que se adaptan totalmente a las demandas del consumidor”. Y, por último de la ‘exigencia moral’ porque “hoy se examina a las personas físicas que hay detrás de la etiqueta del producto y si esa producción ha sido honesta; por eso cada vez más los productores firman sus vinos”.