12 de mayo de 2004
Berger demanda la armonización consensuada del Codigo de prácticas enológicas y el Codex Alimentarius
El presidente de Enología de la OIV se mostró dispuesto a plantear un acuerdo con la OMC respecto a las prácticas en la elaboración del vino
El presidente de la Comisión de Enología de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), Jean-Luc Berger, se mostró partidario esta tarde de avanzar hacia la armonización consensuada del ‘Código Internacional de Prácticas Enológicas’, definido por su organismo, y del ‘Codex Alimentarius’ promovido por la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la Organización para los Alimentos y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO).
En esta búsqueda, Berger se comprometió a buscar un sistema de trazabilidad de los productos coherente con los acuerdos de la OMC y que no cree restricciones en el comercio. Como contrapartida, el representante de la OIV planteó que las prácticas nuevas, no autorizadas y en fase de experimentación, “se sometan al control de la OIV, que evaluaría sus efectos sobre la salud, la protección del medio ambiente y el desarrollo sostenible, así como su compatibilidad con las reglas de buenas prácticas enológicas”.
Jean-Luc Berger reconoció que este planteamiento “no es todavía más que una propuesta, cuya puesta en práctica dependerá del grado de acercamiento que se pueda lograr entre la OIV y la OMC.”
La Oficina Internacional de la Viña y el Vino (OIV) es una organización intergubernamental de carácter científico y técnico que cuenta con 47 estados miembros y centra sus actividades en el ámbito de la vitivinicultura.
Respecto a la situación vigente, Berger se mostró escéptico sobre la única aplicación de los criterios para proteger la salud de la OMC: “Estos criterios se basan en principios científicos, pero ¿la reglamentación internacional debe reposar únicamente sobre bases científicas para proteger la salud humana? ¿Una práctica enológica que no tenga incidencia sobre la salud humana debería ser sistemáticamente autorizada? Desde la OIV, pensamos que no”.
Berger defendió un “enfoque global, en el cual los sistemas de producción y de transformación de los vinos se asocien a la perennidad económica de las estructuras y los territorios, a la obtención de productos de calidad, a la puesta en práctica de las exigencias de una viticultura de precisión, en la que se preserven el entorno, la salud de los consumidores y usuarios y los valores patrimoniales, históricos y culturales”.