DOSSIER
DE PRENSA
Contexto Vitivinícola
El sector vitivinícola se encuentra
en un momento crucial. Los cambios a los que se está viendo
sometido, los excedentes, las nuevas normativas (entre la que
destaca la nueva Ley de la Viña y el Vino), la inmersión
en el sector de las nuevas tecnologías con sus enormes
posibilidades, la apertura de los mercados y el mayor conocimiento
del vino por parte de los consumidores son algunos de los aspectos
a los que tiene que enfrentarse. Y una muestra de ello es la división
del sector en dos modelos diferenciados, con sus correspondientes
organismos representativos: el modelo tradicional, el europeo
y riojano, y el modelo mundializador.
El modelo europeo tradicional está
reglamentado en todos los ámbitos y defiende la importancia
sociocultural de la vitivinicultura, su aportación al desarrollo
socioeconómico de las regiones. La vitivinicultura forma
parte de la idiosincrasia de las zonas productoras y elaboradoras.
Además de en la economía, está presente en
la historia, en la cultura, las relaciones sociales y en el carácter
de sus habitantes.
Este modelo cuenta con unas prácticas
vitícolas y enológicas tradicionales muy arraigadas,
a las que se suman los últimos avances tecnológicos
permitidos por la reglamentación. Una reglamentación
basada en la lucha contra los excedentes, la búsqueda de
la calidad, y la tradición, la historia, y la cultura de
las regiones vitivinícolas. Y este modelo, además,
es el que defiende la Asamblea de Regiones Vitivinícolas
Europeas, presidida por La Rioja.
Por su parte, los vinos procedentes
de los "nuevos" países vitivinícolas (EE.UU.,
Australia, Chile, Argentina y Sudáfrica) están ocupando
mercados históricos de países pertenecientes al
"modelo europeo tradicional". Estos "nuevos elaboradores"
entienden la vitivinicultura como un mero bien económico
y su premisa es "todo vale" con el fin de conseguir
mayores beneficios. Para ello, se apoyan firmemente en los menores
costes de producción y la posibilidad de utilizar cualquier
práctica vitícola, enológica y comercial
si respeta la salud de los consumidores, su seguridad y el medio
ambiente.
Ambos modelos poseen diferentes regulaciones
y defienden diferentes prácticas vitícolas y enológicas,
aunque ambos pretenden que sus vinos atiendan los gustos de los
consumidores. No obstante, ambos comparten la necesidad de abrir
mercados y dar salida a toda su producción. Y es esta competencia
por los mercados la que está provocando el surgimiento
de planes estratégicos para potenciar el sector vitivinícola,
tanto en un modelo como en otro, con el fin de aumentar la competitividad
y conseguir un mejor posicionamiento en un mercado cada vez más
global y abierto.
En este contexto, el modelo europeo
tradicional, el de La Rioja, debe ser capaz de hacer frente a
la competencia de los nuevos países, con el fin de conseguir
un equilibrio entre ambos modelos. Para ello, es necesario conocer
e implantar las nuevas tecnologías y los últimos
avances; potenciar los aspectos socioculturales, turísticos
y gastronómicos del vino, y conseguir mayor calidad y seguridad
alimentarias.
Los consumidores poseen cada vez mayores
conocimientos del mundo del vino. Si a estos conocimientos se
unen nuevas tendencias de comercialización, de marketing
y de actividades culturales, turísticas y de ocio relacionadas
con el mundo vitivinícola, se atenderán las demandas
sociales y se alcanzarán mayores cuotas de mercado.