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CONCLUSIONES II FORO MUNDIAL DEL VINO RIOJA
III MILENIO
La celebración del II FORO MUNDIAL
DEL VINO DE RIOJA III MILENIO en La Rioja ha contado con una calificada
participación tanto desde el punto de vista de las conferencias
magistrales como de los ponentes y congresistas. De hecho, en esta
segunda edición, el Foro del Vino se ha consolidado como
un punto de encuentro de todo el sector y como marco de debate de
los problemas, las soluciones y las tendencias de la producción
de vinos de calidad. Entre otras, las principales conclusiones han
sido las siguientes:
En primer lugar, la calidad uva se presenta
como el fundamento del futuro desarrollo de los vinos de calidad,
se convierte en la protagonista de los mismos. De hecho, ahora,
tras el nivel tecnológico y el conocimiento técnico
alcanzado en las elaboraciones, se requiere avanzar en las producciones
de uva de calidad, y se exige, por tanto, un esfuerzo de adaptación
y de evolución tanto a la viticultura como a los productores.
Los países productores europeos
en general y los mediterráneos en particular cuentan, asimismo,
con una diversidad varietal muy importante. Esta diversidad ofrece
unas posibilidades significativas de elaboración de vinos
de calidad diferenciados entre sí, fundamentados en la interacción
entre el medio físico donde se desarrolla el cultivo con
la diversidad de variedades vitícolas. Por el contrario,
en los países emergentes nos encontramos con una mayor uniformidad
en las variedades utilizadas que, aunque esté desarrollando
el sector de forma interesante, puede motivar una pérdida
de oportunidades basadas en la riqueza de la diversidad y la singularidad.
La fortaleza europea, en tercer lugar,
debe fundamentarse en esas posibilidades de diferenciación.
Debemos basarnos en el aprovechamiento de las variedades minoritarias
y/o autóctonas, que, pese a que están despreciadas
o desvalorizadas en la vitivinicultura actual, pueden aportar a
los vinos las suficientes características diferenciales como
para hacerlos singulares e irrepetibles. En definitiva, extraer
el máximo potencial de la uva para conseguir la máxima
expresión de calidad en el vino.
Por otra parte, la tecnología
debe acotarse, ya que no todas las prácticas enológicas
aportan calidad al producto obtenido. Por otro lado, debe sustentarse
en una referencia deontológica clara, ya que estamos hablando
de un producto, al fin y al cabo alimentario, y tenemos que asegurar
la trazabilidad y la seguridad alimentaria del consumidor.
En cuanto a la elaboración, es
necesario profundizar más en la transformación: debe
estar dirigida a la mínima intervención posible sobre
la materia prima, y favorecer los procesos que incidan sobre el
aroma, el color y otras características organolépticas
de forma positiva y natural.
El sector, por su parte, espera que la
aplicación de la nueva OCM vitivinícola sirva para
revitalizar el sector, para incrementar la protección de
la cultura de las Denominaciones de Origen y la defensa de las Indicaciones
Geográficas. Y es que los distintivos de calidad tienen que
seguir siendo un eje fundamental en la política comercial
de Unión Europea, tanto en sus negociaciones con otros países
productores, como con aquellos otros estados netamente consumidores.
También se considera como altamente
positiva la reciente sentencia del Tribunal de Luxemburgo sobre
el embotellado en origen. Esta sentencia supone un claro factor
de desarrollo para las zonas de producción vitivinícolas
de calidad. Supone un paso cualitativamente importante en los fundamentos
sobre los que se basa la filosofía que inspira toda la Política
Agraria Comunitaria, y supone un incremento de las garantías
ofrecidas por una Denominación de Origen al consumidor.
Asimismo, se estima que la globalización
del comercio provocará una mayor competencia entre las producciones
de diferentes orígenes. De todos modos, se considera necesario
articular acuerdos internacionales que propicien el reconocimiento
de prácticas vitícolas y enológicas en el ámbito
mundial, así como de la propiedad intelectual de las acepciones
y nombres empleados de forma histórica.
Otra de las conclusiones de este foro
se ha centrado en el respeto al Medio Ambiente, en las prácticas
de cultivo y de elaboración sostenibles. Éstas pueden
crear, en un futuro próximo, diferencias significativas de
la posición competitiva de cada uno de los vinos. Del mismo
modo, no hay que olvidar las posibilidades de comercio y de distribución
que ofrecen las nuevas tecnologías: cuentan con importancia
suficiente como para no dejarlas de lado.
Por último, en este Foro se han
presentado las nuevas fuentes de financiación, e incluso
otras más clásicas que el sector vitivinícola
no ha utilizado habitualmente, y que posibilitarían desarrollos
empresariales para la pequeña y la mediana empresa. Con ellas
se favorecerían nuevos proyectos de procesos de transformación
e, incluso, de implantación de nuevas redes comerciales.
Estas han sido las principales conclusiones
que pueden citarse del II Foro Mundial del Vino. Agradezco su presencia
en esta edición y les invito a participar en la próxima,
en el 2002.
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